Pedaleando por la Casa de Campo
Taxto y fotogrfías. Francisco Javier Yagüe García
La casa de campo no es de nadie y nos pertenece a todos, como un oasis verde en una
metrópolis cada vez más deshumanizada. No hay otro sitio en Madrid como este
para practicar deporte al aire libre, especialmente el ciclismo.
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| Dos ciclistas dispuestos a descender el repecho del teleférico. |
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A pesar de diferentes intentos infructuosos por convertirla en un
parque temático, la Casa de Campo de Madrid, aun conserva ese aura de
naturaleza viva y salvaje, donde andar en bicicleta adquiere un significado
especial y único, tanto para los ciclistas deportivos como para los que
simplemente buscan disfrutar del entorno natural menos ninguneado por los
diferentes proyectos urbanísticos de los distintos gobiernos de turno.
La Casa de Campo fue un escenario crucial en la batalla de Madrid
durante la Guerra Civil, todavía se pueden encontrar restos de esa barbarie. En
la actualidad es un sitio de paz, donde se respira libertad. Acoge a millares de
personas cada semana, que no acuden únicamente a montar en bicicleta, sino al
reclamo de diferentes instalaciones como el Zoo, el Parque de Atracciones, al
Teleférico, que conecta la Casa de Campo con el Parque del Oeste; a los
recintos feriales, a practicar deportes acuáticos o disfrutar de un paseo en
barca en el lago; o simplemente a tomar algún tentempié en uno de los muchos
restaurantes que participan de este oasis verde situado al oeste de la capital.
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| Entrada a una de las rotondas que vertebran las diferentes instalaciones de la Casa de Campo. | |
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La Casa de Campo es fruto de la decisión de Felipe II de trasladar la
corte a Madrid en 1561. El Rey instaló una finca que unía el palacio con el cazadero
del Pardo. Con Fernando VI se declaró Parque Real. Carlos III introdujo la
ganadería y la agricultura. Uso que sería continuado por la Reina María
Cristina. Hoy son 1722’60 hectáreas dedicadas al ocio y al deporte.
Pero aquí venimos a hablar de ciclismo, de lo
que siente un ciclista que ha mamado la Casa de Campo desde siempre, cuando era
un niño y aprendía a montar en bici; cuando recorrerla de principio a fin era
como la etapa reina del Tour de Francia. Yo mismo fui uno de esos niños, y esos
recuerdos que se remontan a tiempos ya pasados me recuerdan que ahora no podría
vivir a más de un tiro de piedra de
ella. De que la Casa de Campo forma parte de mi vida, como al igual que de la de
muchos ciclistas que acuden cada día a rodar por sus carreteras superando sus
retos personales.
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| Un ciclista habitual circulande cerca del lago. |
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Los ciclistas disponen de diferentes entradas para acceder. Las más
demandadas son por el Anillo Verde
Ciclista, desde la pasarela que salva la A-5. Esta entrada es el punto de
partida de un circuito de 11’5 km que atraviesa toda la Casa de Campo y vertebra
todas las posibles rutas, y llega hasta la pasarela de la A-6, donde podemos
continuar par el Anillo Verde. Otra es por Príncipe Pio, que conecta con el
carril de Madrid Rio.
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| Tramo del Anillo Verde Ciclista que atraviesa la Casa de Campo. |
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Dentro de esas 1722
hectáreas los ciclistas tienen un gran abanico de posibilidades de romperse las
piernas y sudar como bellacos. Se pueden hacer cerca de 60 km sin salir, sin
apenas cruzarte con ningún coche (solo está abierto al tráfico desde el lago
hasta la salida a la M-30, solo 2 km), únicamente uniendo un repecho con otro,
en total cinco, donde la exigencia la marca tus propias fuerzas.
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| Ciclista en la cima del cerro de Garabitas. |
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El repecho estrella
es la subida al cerro de Garabitas, 2’5 km al 3% de media. Es la subida más
característica, por su longitud y por ser parte del recorrido de todas las
cerreras oficiales que se celebran en la Casa de Campo. Pero el repecho más
duro es la subida al teleférico por la pista de hormigón, 200 metros
infernales, sin sombra, con una sola curva, y al 15% de media. Aunque al
teleférico también se puede ascender por el otro lado, donde están las pistas de
tenis, una subida dividida en dos tramos, donde en el último topamos con un
muro del 20% justo al final del repecho. En la otra vertiente de Garabitas tenemos la vieja carretera de Ciudad
Universitaria, 1 km al 4 % de media. Por último, la subida del Zarzón ( 2’6 km
al 2’3 %) nos saca de la Casa de Campo por Prado del Rey, donde podemos
continuar por la urbanización de La Finca, para luego ir hacia Boadilla del Monte, y toda la zona de
Brunete. Estos cinco repechos suponen la
esencia para cualquier ciclista que acude a entrenarse a la Casa de Campo.
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| Rotonda donde empieza la subida del Zarzón, que nos lleva a Prado del Rey. |
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La Casa de Campo es
un regalo que recibimos de la naturaleza. El atractivo para un ciclista
deportivo es el reto de unir los cinco repechos compartiéndolo con los demás
ciclistas que te encuentras, a los cuales miras de soslayo, con una mirada de
reojo, envidiando la máquina o tal vez su potencia, buscando algún rastro
distintivo para poder identificarlo en el Strava (Aplicación donde se pueden
volcar todos los datos relacionadas con las salidas y compararlos con los de
otros). Porque el ciclismo, aunque parezca lo contrario, no es un deporte
solitario, la complicidad que se crea alrededor de la bici es fundamental para
crecer, para disfrutar de un deporte único, donde el sufrimiento bien entendido
es su mayor aliciente. Y Madrid tiene la Casa de Campo para poder hacerlo
realidad.
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| Rotonda de salida a la M-30, uno de los pocos tramos abiertos al tráfico. |
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| Varios ciclistas reponiendo fuerzas en una de las áreas de descanso que hay en la Casa de Campo. |
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| Carretera que une el Zoo con el Lago, uno de los tramos más concurridos. |
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